Cómo funciona y cómo se calibra un procesador de audio para radio de FM
Si uno observa una cadena típica de radiodifusión, encuentra la consola, el
procesador, el excitador, el transmisor y la antena.
La mayoría de los operadores entiende perfectamente qué hace la consola.
También está claro para qué sirven el transmisor y la antena.
El procesador, en cambio, suele ser el gran desconocido y sin embargo, es
uno de los equipos que más influencia tiene sobre el sonido final de una
emisora.
¿Para qué se usa el procesador?
La respuesta corta sería: para que la radio suene más consistente.
Pero en realidad su función es más interesante.
Toda emisora de FM tiene un límite técnico de modulación. No importa si
transmite 30 watts o 30 kilowatts: existe un máximo nivel permitido que no debe
superarse.
Si la señal excede ese límite pueden aparecer distorsiones, interferencias
sobre canales vecinos y problemas regulatorios.
Pero el contenido que sale al aire está lejos de ser un programa uniforme:
- Un locutor puede hablar suave, otro
puede hablar fuerte.
- Una llamada telefónica suele
llegar con poco nivel.
- Una tanda publicitaria
normalmente viene muy comprimida.
- Y una canción puede pasar de un
pasaje tranquilo a un golpe de batería muy intenso en una fracción de segundo.
Si todo eso llegara directamente al transmisor, el volumen de la emisora percibido
en el receptor subiría y bajaría constantemente.
El trabajo del procesador consiste en mantener el audio bajo control sin
perder naturalidad.
Pero no sólo para evitar la saturación sino para mantener la señal lo más
cerca posible del límite de modulación durante la mayor cantidad de tiempo
posible, sin superarlo y obteniendo la mejor presencia posible en el dial.
Esa es la razón por la que una emisora con el procesador bien ajustado suele
sonar más presente y consistente en el dial.
¿Qué ocurre dentro del
procesador?
Aunque muchos equipos muestran apenas una o dos perillas en el panel
frontal, internamente realizan varias tareas consecutivas.
AGC: el primer nivel de control
La primera etapa suele ser un Control Automático de Ganancia (AGC).
Su función es compensar diferencias lentas entre distintas fuentes de
audio.
Si un programa grabado llega más bajo que el habitual o si un operador
trabaja con niveles diferentes a los de otro turno, el AGC corrige esas
variaciones para que el resto del procesamiento reciba una señal más estable.
Compresión multibanda
Aquí aparece el corazón del sistema.
En lugar de procesar toda la señal como un único bloque, el audio se divide
en tres bandas de frecuencia: Graves, Medios y Agudos. Cada banda tiene su
propio compresor.
¿Por qué es importante?: Porque un golpe de bombo no debería afectar la
inteligibilidad de la voz.
Si toda la señal se comprimiera junta, cada vez que apareciera un grave
importante el nivel de toda la mezcla disminuiría, generando el conocido efecto
de "bombeo".
Al trabajar por bandas independientes, los graves, medios y agudos pueden
controlarse por separado. El resultado es un sonido más estable y más limpio.
Limitadores o clipper final
Después de la compresión aparecen limitadores de acción rápida que controlan
los transitorios más bruscos, lo que garantiza que la señal nunca supere el
techo de modulación establecido para la emisora.
Esa es la última barrera de protección de nivel antes de llegar al
excitador y al transmisor.
La importancia de la calibración
Un procesador puede ser excelente y aun así sonar mal.
La razón más habitual es una calibración incorrecta. El error más frecuente
consiste en alimentar al procesador con un nivel inadecuado.
Si la señal entra demasiado baja, el equipo trabaja fuera de su rango óptimo
y la emisora pierde presencia. Si entra demasiado alta, los limitadores
internos comienzan a actuar antes de tiempo y el sonido se vuelve denso,
fatigante y artificial.
Por eso la calibración del nivel de entrada suele ser el ajuste más
importante de todo el sistema.
Un método práctico para emisoras
pequeñas
En laboratorios y grandes plantas transmisoras la calibración se realiza
con tonos de referencia e instrumentos de medición.
Sin embargo, muchas emisoras pequeñas no disponen de ese equipamiento.
En esos casos puede utilizarse un método práctico que suele dar muy buenos
resultados.
Consiste en reproducir material musical con golpes de batería bien
definidos y utilizar esos picos como referencia.
Los golpes sobre el parche en la batería combinan transitorios rápidos, energía
en graves y picos fácilmente identificables, lo que los convierte en una
excelente señal de prueba.
El procedimiento básico consiste en:
- Ajustar la
consola para que esos picos alcancen el máximo nivel normal de trabajo.
- Ajustar la
entrada del procesador para que acompañe esos mismos picos.
- Verificar
posteriormente el comportamiento general del sistema.
No se trata de hacer sonar más fuerte la emisora.
Se trata de lograr que todos los equipos de la cadena trabajen dentro del
rango para el cual fueron diseñados.
La semana más importante
La calibración no termina cuando se mueve la última perilla. Durante los
días siguientes conviene observar cuidadosamente cómo responde el sistema
frente a distintos tipos de programación.
·
Programas hablados.
·
Música lenta.
·
Tandas publicitarias.
·
Llamadas telefónicas.
·
Música electrónica con mucho
contenido grave.
Una buena calibración debería lograr que todos esos materiales mantengan
una presencia similar al aire sin generar distorsión ni cambios bruscos de
volumen.
Muchas veces, pequeñas correcciones en el nivel de entrada producen mejoras
mayores que horas de ajustes internos.
El oído sigue siendo fundamental
Los instrumentos permiten verificar que el sistema trabaja dentro de los
límites técnicos.
Pero la evaluación final siempre se hace escuchando.
Por eso sigue siendo recomendable monitorear la emisora desde un receptor
común, en el automóvil o desde distintos puntos de cobertura.
Una emisora correctamente procesada suele compartir cuatro características:
- Suena
consistente.
- Tiene
buena presencia.
- No
presenta bombeo audible.
- Puede
escucharse durante horas sin fatigar al oyente.
Y quizá esa sea la mejor definición de un buen procesador:
Cuando está correctamente
ajustado, nadie nota que está trabajando.



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